Oaxaca, de la tragedia de la basura a la del terremoto

Apenas había remontado Oaxaca temporalmente el duro problema de la basura, cuando inició otro más grave, los sismos en el Istmo de Tehuantepec. En ambos casos la larga cadena de gobiernos ineficientes y pueblos apáticos acentuó los daños. Cadena que no tiene para cuando romperse.
Es difícil conocer la magnitud del daño a los oaxaqueños de la capital del estado generado por las más de 4 mil 500 toneladas de basura que se pudrieron en las calles de la ciudad durante 10 días, según el diario El Imparcial. Un caso emblemático que mostró ese peligroso amontonamiento de desechos orgánicos y de todo tipo, fue el de una niña a quien una mosca se le posó en la oreja y le nacieron dos gusanos en esa delicada parte del cuerpo. Tema que tuvo gran impacto mediático, ¿pero cuántos casos más sin ese impacto se dieron?
Desde mediados de la década 2010 se reconoció oficialmente que el basurero de la colonia González Guardado en el municipio de Zaachila, había llegado a su máxima capacidad, que ya no debía depositarse más en ese lugar. Pero en vez de buscar soluciones definitivas, modernas, coherentes, se le hicieron arreglos, que con una planta de optimización manejado por una empresa, que con limpieza de áreas.
Como siempre, soluciones mínimas mientras culmina el trienio municipal y dejarle la estafeta de problemas al que sigue. Nunca ha existido una política de administración municipal a mediano plazo siquiera, se hace lo que se pueda inaugurar por los ediles en funciones. Lo único proyectado a mediano y largo plazos es la deuda pública que dejan.
Dos grupos están en guerra en ese basurero, la gente de la agencia municipal de Zaachila, Vicente Guerrero y el grupo cuasi paramilitar Frente Popular 14 de junio. La larga e histórica omisión de las autoridades daña la salud de las personas, daña los ecosistemas, las áreas verdes y los ríos, taponados estos últimos por miles de bolsas de plástico, con los peligros de inundaciones que eso supone.
Pero no es todo, hay saldos en pérdida de vidas humanas en esos problemas, en julio de este 2017 hubo un muerto por las disputas en ese basurero. Y para mayor infortunio, todo eso va a continuar, los gobiernos siguen posponiendo la solución, siguen con sus arreglos fugaces para dejar la vieja estafeta al gobierno que sigue.
El terremoto que desnudó todo
Oaxaca vive las semanas más dramáticas de su historia, apenas comparado al terremoto de enero de 1931, cuando la mitad de las casas de la hermosa Ciudad de Oaxaca cayeron, horas aciagas y definitivas aquellas que marcaron el futuro de esta entidad, otrora señorial y culta.
Con esas añejas construcciones que mordieron el polvo, también acabó de perderse la grandiosidad que desde los años 1916-1917 venía decayendo merced a la inadecuada respuesta ante los nuevos poderosos triunfadores de la revolución de 1910, con la errada intentona de los Soberanistas.
El reciente sismo de 8.2 grados tuvo como epicentro a Pijijiapan Chiapas y golpeó severamente sobre todo a la región del Istmo de Tehuantepec y con los del 19 y 23 de septiembre a otras zonas de la entidad, la Mixteca, la Sierra, los Mixes, y lo que quedaba en pie de las casas del Istmo, Ixtepec y Espinal, poco afectados en el primer sismo, sufrieron una devastación similar a la de Juchitán en el primer terremoto.
La atención del gobierno federal fue inmediata, eso no puede menoscabarse, y menos la de la gente de todo el país, aunque la desorganización para atender la emergencia aún prosigue más de 20 días después. La institución central que sostiene la escasa gobernabilidad en el pueblo grande que es Juchitán es el Ejército Mexicano, el que de nuevo realiza labores civiles sin estar preparado para eso, su función y preparación es otra. Pero sin su presencia quien sabe hasta qué límites de anarquía se estaría.
Que las instituciones civiles hayan sido ineficientes para responder bien ante este suceso de grandes magnitudes, fue un daño adicional. Un veterano periodista que ha cubierto tragedias mundiales como la de hace unos años en Haití expresó en Juchitán que nunca había visto “tal calidad de desorganización”.
La Unidad de Protección Civil del estado que dirigía Amando Bohórquez, un profesor-aviador de la Sección 22, oscuro ex diputado local y ex presidente municipal varias veces de Miahuatlán, por supuesto que no tenía la más remota idea de qué hacer. En vez de ponerse al frente para coordinar la atención a los grandes daños, prácticamente desapareció de la escena. Lo echaron del cargo pero pusieron a otro político, menos prestigiado aún e igualmente inexperto en protección civil, Heliodoro Díaz Escárrega.
Larga es la relación de imposturas que dejó al desnudo esta tragedia inédita, tanto de autoridades como de una población incontenible, violenta, que sólo el uniforme militar ha podido contener un poco, pues robos, abusos y hasta linchamientos suceden sin que nadie sea detenido.
Todo indica que esta situación no terminará pronto, los temblores siguen, el drama es interminable, las fuertes lluvias agravan la situación, la gente que aún tiene casa en pie no puede dormir dentro de ellas por las constantes réplicas, las lonas para dormir fuera de las casas no alcanzan para todos. La poca organización de los tres niveles de gobierno debe superarse ya, es urgente.
@apooax40

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